La ronda electoral global de 2024 será un desafío para ver si la supervisión de las redes sociales puede evitar a los votantes del exceso de información errónea en línea.
En el plano internacional, hay desacuerdo entre Bruselas y Washington sobre política digital, más precisamente sobre las regulaciones vinculadas al uso de inteligencia digital como mecanismo de propagación de imágenes falsas que puedan ensuciar la cancha electoral.
En marzo, la Comisión Europea cuestionó extensamente a las principales redes sociales y buscadores de Internet que operan en la UE acerca de las medidas que implantan para hacerle frente a los riesgos generados por la inteligencia artificial (IA) generativa que puede manipular fotos o vídeos. Este cuestionamiento se realizó debido a las próximas elecciones europeas que tendrán lugar en junio.
Sin embargo, Estados Unidos se encuentra atrasado en esta discusión. Recién en mayo de 2024 se empezaron a observar algunos movimientos orientados a abordar la cuestión públicamente, cuando se conoció que se juntaría con China para “abrir un canal de comunicación sobre estos temas”, según confirmaron altos funcionarios de la administración de Joe Biden.
Hasta el mes de octubre del año pasado se invirtieron más de 20.000 millones de dólares exclusivamente en tecnologías de Inteligencia Artificial generativa, lo que es significativamente más alto que la inversión total en el 2022, que fue de solo 5.000 millones.
Si tomamos en cuenta todo el ámbito de la Inteligencia Artificial, la cantidad de inversión sube a un monto superior a los 100.000 millones, lo que es un poco más alto de lo que representa para la economía de Bulgaria el Producto Interno Bruto anual. Cada día hay nuevas iniciativas que escuchamos de empresas, investigadores y académicos para el aprovechamiento de la Inteligencia Artificial, no solamente las aplicaciones preocupantes que incluyen los deepfakes y las armas biológicas.

¿Pueden las legislaciones prevenir la desinformación del electorado por el consumo de fake news elaboradas con IA?
El año próximo se llevará a cabo un ciclo electoral mundial donde más de cincuenta países celebrarán elecciones, lo que representa una gran muestra de democracia en una generación. Sin embargo, las grandes redes sociales, como Meta, Alphabet y X anteriormente conocida como Twitter, se enfrentarán a estas elecciones con la limitación de menos recursos para adoptar medidas contra el engaño electoral
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Uno de los principales problemas radicará en la carencia de personal capacitado y en la falta de los equipos necesarios para el monitoreo de la seguridad a nivel doméstico. A esto se le suma la posibilidad de que disminuya el interés en mantener una participación visible en la democracia digital.
La falta de atención del público en la era digital es un problema que no ayuda. La mayoría todavía utiliza Instagram y otras plataformas, pero las personas radicalizadas en política se han mudado a otras como Rumble, Odyssey y Telegram. En estos lugares la moderación de contenido es mínima, por lo cual buscan poco interacción con las entidades electorales y reguladoras.
¿Pero qué pasa con los reguladores? La Ley de Servicios Digitales de la UE, la Ley de Seguridad en Línea del Reino Unido y un montón de normas sobre redes sociales de otros países han entrado en vigor. Ocidente aún se encarga de supervisar las redes sociales y de garantizar que las compañías rindan cuentas de sus acciones no sólo en áreas geográficas específicas sino en todo el mundo.
Si sumamos a esto la colaboración global con la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, Naciones Unidas y asociaciones de naciones como G7 y G20 (sin mencionar los esfuerzos en liderazgo de China en IA), contamos con varios esfuerzos internacionales a nuestra disposición. Con el avance de la inteligencia artificial a pasos agigantados, es posible que resulte difícil que las normativas sostengan un control exitoso, pero la intención de intentar es definitivamente valiosa.
El uso de inteligencia artificial para la creación de deepfake, es una amenaza que se extiende a todos los rincones del mundo. En un proceso electoral es un factor que perjudica a las democracias nacionales y puede distorsionar las posiciones de los votantes.
Aún quedan dudas si los esfuerzos de la comunidad internacional por limitar el perjuicio del uso de esta tecnología en la difamación de candidatos o circulación de noticias falsas será suficiente. Lo cierto es que la inteligencia artificial crece a pasos agigantados, y se filtra en las grietas de una extensa red en los que la información viaja a velocidades desproporcionadas.
El avance tecnológico reclama más que la creación de nuevas legislaciones, la elaboración medios técnicos que permitan aplicar los controles necesarios para frenar la desinformación por imágenes o noticias creadas intencionalmente para desinformar. Para ese fin, no solo basta el reclamo estatal, sino que también se requiere compromiso de las empresas tecnológicas y el papel activo de la ciudadanía.

Belén Stettler Wiertz es una comunicadora política con una destacada carrera en la implementación de estrategias comunicacionales y desarrollo de marca personal para figuras públicas. Participó en el programa Fulbright de Política y Liderazgo Político en la Universidad de Massachusetts, adquiriendo una perspectiva global en liderazgo y comunicación. Licenciada en Ciencias de la Comunicación Social por la Universidad de Buenos Aires (UBA) y con una diplomatura en Comunicación Gubernamental de la Universidad Austral, Belén ha aplicado su expertise tanto en el ámbito público como privado. Su trabajo incluye la formación de líderes en técnicas avanzadas de oratoria y comunicación no verbal, así como la dirección de campañas y proyectos comunicacionales a nivel gubernamental y empresarial.
